domingo, 24 de enero de 2021

Artículo sobre gaita aragonesa - 2020

 Gaitas y gaiteros del país de Sobrarbe

Entre los instrumentos que usamos en los espectáculos, está la gaita aragonesa. Habiendo invitado a nuestro componente y lutier Luis Salesa a que nos hablara del tema, uno de los instrumentos que toca en el Grupo, nos remitió a Álvaro de la Torre, por estar él más centrado en el tema del salterio. Nuestro amigo Álvaro, une en su persona una gran experiencia como investigador y como músico de diversos instrumentos. Durante años salió en la procesión de Santa Orosia tocando el chiflo y el salterio al lado del paloteao. Fruto de sus investigaciones es el siguiente artículo. Agradecemos su colaboración.

Publicado en la newsletter del Grupo "De Capazo", núm 8 (Cuarto Trim. 2020)

GAITAS Y GAITEROS DEL PAÍS DE SOBRARBE

A raíz de un encuentro casual en 1.985, el folklorista Joaquín Díaz nos sugirió la conveniencia de publicar unas notas sobre el chiflo y el salterio en la “Revista de Folklore”, que él había creado cinco años antes, ya que entonces existía bastante desconocimiento sobre estos instrumentos a nivel nacional. Al ir buscando antiguos testimonios en torno a estos, nos encontramos con que al Este del valle de Broto, en la comarca de Sobrarbe, la cornamusa o gaita de fuelle sustituía a la flauta de tres agujeros como el instrumento que acompañó las danzas ceremoniales, y decidimos investigar también esta tradición.

En aquellos años la situación era propicia para esta búsqueda. En cierta medida, se mantenía aún el antiguo estado social, aunque hacia dos décadas que había desaparecido el último gaitero en activo, Juan Cazcarra, de Bestué (valle de Puértolas) de quien Ánchel Conte -eran los inicios del grupo “Viello Sobrarbe”- había tenido la precaución de preservar su instrumento completo. La mayoría de las personas a las que encuestamos ni siquiera eran conscientes de que ya no quedaran gaiteros en activo. La búsqueda, por lo tanto, fue fructífera. 

Juan Cazcarra, de Bestué, en Tella, hacia 1.945, en una fotografía que conservó su sobrina Pilar Bestreguí.

En la misma época, el gaitero Martín Blecua, de Sariñena, junto a Pedro Mir, habían comenzado el estudio de la gaita en su comarca, que después extendieron al resto de Aragón, y habían contactado con el artesano Marcel Gastellu, que hizo unas primeras copias siguiendo el modelo de la vieja gaita de Bestué. El libro de referencia de Blecua y Mir se publicó finalmente en 1.998 (1).

La presencia de la cornamusa en Sobrarbe ya había sido dada también a conocer para el gran público por algunos investigadores. Entre los primeros, Charles Alexandre, amigo personal de Marcel Gastellu, la describió detalladamente en 1.976, al tratar sobre la cornamusa en los Pirineos centrales (2).

Lo encontrado en Sobrarbe se publicó finalmente en dos apretados artículos de la “Revista de Folklore”, en 1.995 (3). En resumen, anotamos referencias precisas de 11 gaiteros a comienzos del siglo, y algunas vagas referencias de otros 6, y encontramos o identificamos gaiteros en algunas fotografías antiguas, en especial entre las que Juli Soler publicó en su descripción de las fiestas de Chistén de 1.907. Todo esto, claro está, con la colaboración de muchas personas de esa comarca. Encontramos también piezas de otras cuatro gaitas: un clarín con sus inchas en la propia casa de Juan Cazcarra, otros dos clarines, una bordoneta, un bordón y otras piezas de otras dos gaitas en Santa Justa, en el mismo valle, y otra bordoneta en el caserío de La Muera (Fueva Alta). Años después Adolfo Castán encontraría en Lacort otro clarín y otra bordoneta, que seguramente pertenecieron al gaitero de Ceresuela.

Y también muchos otros aspectos de esa misma tradición: melodías, cantos a son de gaita, el uso de clarines de buxo y clarines de caña entre pastores aficionados, coplas y romances alusivos, etc.

Una de las primeras constataciones fue por lo tanto que la gaita en Sobrarbe no se limitaba a las danzas ceremoniales -como ocurre con la gaita en otras comarcas, o el chiflo y salterio en la nuestra- sino que era también de uso general para todo tipo de bailes y cantos.

Los instrumentos hallados o descritos fueron invariablemente del tipo de gaita de boto aragonesa (4) que, como es sabido, se caracteriza básicamente por tener, además de un gran bordón con lengüeta simple, el tubo melódico con lengüeta doble -clarín- paralelo a un pequeño bordón – tenoreta o bordoneta- sujetos a una misma pieza. Dentro de este esquema, en Sobrarbe encontramos algunos detalles particulares, como el uso esporádico del bordón, adornado, por encima del hombro (Chistau y La Muera), y, sobre todo, el uso de lengüetas dobles – que allí llaman inchas- similares a las del clarín en las bordonetas (Charles Alexandre la describió también así) que por esta razón presentan oídos de resonancia, cuando en el resto de Aragón lo más común es que las bordonetas estén provistas de lengüeta simple.

Otro aspecto importante es la excelente fabricación de la mayoría de las piezas encontradas en Sobrarbe, y la uniformidad de los cinco clarines entre sí (que sin embargo proceden de constructores diferentes) siendo la pieza técnicamente más compleja de construir, frente a las formas de otros clarines encontrados en el resto de la región.

En conclusión, los datos encontrados nos hablarían de una fuerte tradición “endogámica” de ámbito comarcal. Este punto de vista, que puede parecer obvio desde una perspectiva montañesa, encontró en su día sin embargo una fuerte oposición entre los demás investigadores del instrumento a nivel regional.

Comparación de los clarines encontrados en Sobrarbe (Bestué 1 y 2, y Santa Justa 1 y 2) frente a un clarín monegrino (de Juan Mir, de Sariñena). A la derecha, el clarín de Lacort encontrado posteriormente por A. Castán.

Desde el punto de vista organológico, esta cornamusa está emparentada con otras extendidas por varias regiones de toda Francia, en particular con las “cabretas” de Auvernia y las “chabretas” del Limosín y el Périgord. En la Alta Auvernia se han conservado además algunas “cabretas” sin soplo mecánico y con doble lengüeta en los pequeños bordones, que en este caso reciben el nombre de chanterelles. Este es también el caso de la “chèvre”, uno de los tres sub-tipos de “chabretas” limosinas. El trabajo de Bruno Meraud (aún sin publicar) llega a la conclusión de que este debió ser el caso general de todas las “chabretas”, y del resto de cornamusas similares más primitivas.

Algunos musicólogos opinan que este tipo de cornamusa apareció por la adición del gran bordón exento a una gaita primitiva de doble tubo melódico, como aún existen en Las Landas, los Balcanes o el Norte de África. No obstante, el fallecido investigador y documentalista Thierry Boisvert presentó en 1.988 un concienzudo trabajo sobre la “chabreta” y sus elementos simbólicos (5) en el que opinaba que este tipo de cornamusa pudo ser inventada en el Limosín en la segunda mitad del s. XVI, en el marco de la exaltación de las cofradías civiles a partir de la Contrarreforma. Por extraña que esta teoría pueda parecer, algunos hechos históricos de esa misma época podrían llegar a explicar la aparición de este tipo de cornamusa en nuestra provincia, asentándose seguramente sobre una tradición de cornamusas anterior.

Álvaro de la Torre

Notas:

(1) Martín Blecua y Pedro Mir, “La gaita de boto aragonesa”, Edizions de l´Astral y A.G.A., Zaragoza, 1.998.

 (2) Charles Alexandre, “La Cornemuse dans les Pyrenées Françaises”, Bulletin du Musée Instrumental de Bruxelles, vol. VI, 1.976. También, J. A. Urbeltz, “Notas sobre el xirolarru en el País Vasco”, Cuadernos de Sección: Folklore, 1, de la Sociedad de Estudios Vascos, San Sebastián, 1.983.

 (3) A. de la Torre, “Gaitas y gaiteros del país de Sobrarbe”, en “Revista de Folklore”, nº 176 y 183, Caja España, Valladolid, 1.995 y 1.996. A pesar de que el libro de Blecua y Mir, tras un largo período, se publicó después de estos artículos, los datos de Sobrarbe que ellos emplean provienen de notas anteriores a la publicación, y en algunos casos son incompletos o inexactos.

 (4) Aparecieron algunas piezas de otros tipos de cornamusas, pero reaprovechadas en la misma estructura original

 (5) Thierry Boisvert, Chabrettes: Mon Dieu, quelle histoire !”, Actas del Simposio Internacional sobre la Cornamusa, La Haya, 1.988.

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